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miércoles, julio 18, 2007

UNA DE GAZAPOS EN EL JABATO.

Aunque coloco la versión original de cuadernillo, el número 51, yo lo observé en El Jabato color 16, en una de las muchas relecturas, no tengo noción de cuando me di cuenta, pero cuando me percaté me hizo mucha gracia. Supongo que el responsable sería Víctor Mora, y que ni el dibujante Francisco Darnís, ni el entintador Luis Ramos, ni el anónimo rotulista se fijaron en esa minucia. En la reedición en color, la censura, lo pasaría por alto, no se detenían en esos detalles y así quedó por los siglos de los siglos. En este tipo de tebeos se pueden permitir licencias como que los protagonistas sean poliglotas en grado sumo, puede haber ciertos anacronismos fantasiosos con animales antidiluvianos y hasta conatos de ciencia ficción, pero errores como este no me parecen nada lógicos. Me imagino que dentro de la editorial, en sucesivas reediciones, alguien lo habrá notado, pero nunca se ha corregido este garrafal gazapo. Aquí dejo la viñeta para el escarnio publico.


miércoles, septiembre 13, 2006

EN EL PATIO DEL RECREO. EL JABATO.

Esta entrada nostálgica vió la luz en el antiguo blog el 25 de junio de 2006.

Yo soy de la época de Jabato Color, aprendí a leer con él, a jugar con él, a interactuar con él; me acuerdo que cada semana entraba al kiosco a comprar el correspondiente ejemplar, era el único tebeo que compraba de novedad, tal como iba saliendo. Y como yo, había varios compañeros de la clase que eran aficionados a estos tebeos. Solíamos teatralizar en el recreo sus aventuras, nos turnábamos los personajes, unos días me tocaba hacer de Jabato, otros de Taurus y otros de uno de la horda de “los malos”. De Claudia no hacia nadie, en esa época y en el colegio de curas al que íbamos, las chicas estaban en un pabellón y los chicos en otro y por supuesto teníamos los patios del recreo convenientemente separados.


En el patio del recreo habitualmente había dos bandos, los del Capitán Trueno y los del Jabato. Yo era de los del Jabato, siempre me ha gustado más El Jabato. El Jabato era más modesto y más amable; menos orgulloso y menos altivo que el Capitán Trueno, características que se veían ya a simple vista, en el estilo de los dibujos. Los dibujos, los primeros números me llamaban más la atención, cuando El Jabato llevaba “minifalda”, esos dibujos tenían algo, se les veía una mano detrás, no eran los típicos del montón o de relleno, dibujos redondos, sin ampulosidades, muy naturales, con estilo. Luego me di cuenta que iban firmados, Franc Darnís.



De chaval no eres consciente de tal o cual dibujante, solo sabes si te gusta o no te gusta este tebeo o ese otro. Es cuando creces, cuando te vas formando, cuando te aficionas realmente a los tebeos, es en ese momento cuando empiezas a preguntarte por los autores. Y los autores, en España en un tiempo no muy lejano, han sido los grandes olvidados, no se les ha valorado como se debe e incluso se les ha perjudicado no dejándoles trabajar a un ritmo normal, negándoles los derechos de autoría, no pagándoles todas las ediciones y reimpresiones de sus páginas y lo más importante, no devolviéndoles sus originales.

Yo conozco a Francisco Darnís gracias al Jabato, luego con el tiempo he ido coleccionando otros tebeos dibujados por él: “El jinete del espacio” y “La isla de los aviones perdidos” junto con José Mallorquí, “Zingar Dan” con textos de Canellas Casals, “Yorik, brazo de hierro”, “Tras el telón de acero” y las monografías de Historias Selección: “Oliverio Twist”, “Robinson Crusoe” y “Quo Vadis?”.



Francisco Darnís en los primeros cuadernillos del Jabato, en los apaisados de blanco y negro, nos ha dejado páginas gloriosas, dibujadas magistralmente por un gran dibujante en la plenitud de su carrera. Cuando el ritmo de publicación se hizo imparable y Darnís no daba abasto, la editorial colocó a otros dibujantes para ayudarle con el entintado, como Luis Ramos, Jaime Juez o Luis Collado, esto hizo descender bastante el nivel de calidad, que unido a una clara reiteración de las formulas, desembocó en una etapa claramente monótona en la que disminuyó el interés de los lectores, lo que provocó la defunción final de la serie en 1966.